Cuando no te sientes cómoda en el grupo de amistades de tu pareja
- situraijim
- 16 sept 2025
- 2 min de lectura
Hace años, ella empezó a salir con alguien y, como suele ocurrir, llegó el momento de conocer a su grupo de amistades. Desde el principio no se sintió cómoda: con algunas personas podía charlar con naturalidad, pero con otras la conexión no llegaba. Y, lo más difícil, había alguien que en el pasado se había portado mal con ella.
Cada salida se convertía en un ejercicio de resistencia: incomodidad disfrazada de sonrisa, autocontrol en cada palabra, esfuerzo por integrarse aunque no quisiera estar allí. Reía aunque no le saliera, hacía preguntas para no parecer “antipática”, buscaba alejarse de aquellos hombres que le habían hecho daño. Pero al llegar a casa, lo que sentía era alivio: “ya está, ya he cumplido, hasta la próxima”.
En lugar de compartir lo que le pasaba, callaba. Pensaba que, como ella nunca pedía a su pareja que se integrara en su grupo de amigas, él acabaría comprendiendo y haría lo mismo. Creía que él debía darse cuenta, sin necesidad de explicarlo.
Este es uno de los efectos más sutiles de la ley del agrado que tantas mujeres aprendemos desde niñas: priorizar que nada se rompa antes que escuchar nuestras propias necesidades. Decimos “sí” aunque pensemos “no”. Sonreímos aunque nos hieran. Nos integramos aunque sintamos que nos borramos a nosotras mismas.
El problema es que, en ese proceso, perdemos algo esencial: nuestra voz. Lo que comienza como un silencio pequeño para evitar conflictos puede terminar siendo un hábito de callar, ceder y adaptarse, incluso en los espacios más íntimos.

Quizá humanizar las relaciones de pareja también signifique darnos permiso para incomodar. Reconocer que no siempre vamos a encajar. Y recordar que eso no nos hace menos valiosas.
Y ahora te pregunto: ¿Te has sentido alguna vez presionada a agradar en los círculos de tu pareja, aunque no quisieras estar allí? ¿Cómo lo gestionaste?



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